El AIA-1 (Agente Inteligente Autónomo, versión 1) es un agente artificial –todavía en construcción– que no sólo aprende a reaccionar correctamente –a fin de percibir su entorno– sino que también aprende a mejorar sus funciones “mentales”, creando y usando nuevos conceptos y reglas. A partir de un pequeño conjunto de conceptos y reglas elementales y de bajo nivel, construye otras nuevas (a través de un proceso de prueba y error). De esta manera, el AIA-1 puede auto-modificarse, lo cual significa que tiene el potencial de volverse más complejo, llegando a niveles difíciles de determinar de antemano.
Inicialmente se pretende desarrollar e implementar un “núcleo” mental (simiente, semilla o “seed”, en inglés) que –mediante instrucción, autoaprendizaje y adaptación– sea capaz de desarrollarse, madurar y evolucionar. En efecto, al dotar a este núcleo de módulos adicionales (fundamentalmente sentidos y efectores) y un cuerpo físico, y al ubicarlo dentro de una situación, de un contexto (tanto físico como social), se estima que el AIA aumente enormemente sus conocimientos y sus habilidades (cognitivas, emocionales y sensomotoras).